Predicciones y Profecías

 

 

 Entre las numerosas profecías de la Edad Media, sobre las que se discute todavía hoy, una de las más curiosas y extrañas, es la que se atribuye a Malaquías, Santo Irlandés, del siglo XII, que se refiere a todos los Pontífices que han ocupado desde entonces la silla de San Pedro en el Vaticano hasta Pedro el Romano que sería el último mencionado.

 

 

 La profecía de San Malaquías, fue publicada recién más tarde, en el siglo XVI por Arnoldo Wion de Donay, tal vez porque recién la imprenta podía contribuir a su fácil difusión, o tal vez porque un predicción tan grave, y sobre tema tan delicado, debía ser reservada a pocos lectores.

 

 

 El profeta designó con veladas o claras alusiones uno tras otro a todos los Pontífices que ocuparían el trono papal, y esas indicaciones han resultado exactas en forma sorprendente. Más aún, esas predicciones coinciden con muchas otras, según las cuales la Iglesia atravesará un período crítico, en una época en la que se anuncian muchas transformaciones, es decir más o menos hacia el final del siglo XX.

 

 

 La predicción ocupa siete páginas normales de imprenta y contiene 111 designaciones, que se aplican a 111 Papas, comprendiendo a los anti-papas, cuya serie se inició con Celestino II y terminaría con el último mencionado, Pedro el Romano.

 

                                       Más Profecias

 

 Las frases empleadas raramente exceden las dos o tres palabras y se refieren al lugar de origen del Papa a su nombre familiar, a su emblema o al oficio anterior a la elección.

 

 

 Los más sorprendentes fueron, lo de Celestino II que está indicado con la frase “De rure-Bovenci”, en efecto el apellido familiar del Papa era Bovensi. Alejandro IV, señalado con las palabras “Signum Ostiense”, fue antes de su elección al sillón pontificio, cardenal de Ostia. Ursus velox, el oso veloz, corresponde a Clemente XIV, que en su emblema familiar tenía un oso corriendo.

 

 

 Asimismo profetizó que los seis papas sucesivos, serían el “Pastor Nautaque” (pasto marino), “Flores florum” (flor de flores), “De medietate lunate” (la mitad de la luna o medialuna), “De labore solis” (del trabajo del sol) y “De gloria alicae” (de la gloria del olivo). Por sus nombres papales sería Pablo VI, Clemente XV, Pío Nicolás V, Gregorio XVIII, y León XVI.
Conviene tener presente que la profecía no tiene valor canónico, no puede aceptarse como dogma de fé y es materia de opinión solamente.
Aunque si tomamos la regla de Moisés en el Deunteronomio (XVIII),22), quien dice: “ es falsa toda profecía que no se cumple y verdadera la que se realiza, porque si el Señor habla por boca del profeta, su predicción no puede ser otra cosa que la verdad” que cada uno juzgue según su razón.