dom

06

sep

2015

PAX TECUM

PAX TECUM



La frase que encabeza este escrito era empleada con mucho amor por los primeros
seguidores a principios del Cristianismo. Esta sencilla frase “Pax Tecum” (LA PAZ SEA CONTIGO)
lleva a la mente la idea del fundamental deseo de todos los humanos de “estar en paz consigo
mismo”;
Tener paz interior,
es estar en armonía.

Si preguntamos a nuestros amigos, compañeros, hermanos o familiares, cuál es la meta de su vida, la mayoría nos respondería que es el de estar en paz, en otras palabras, sentirse bien. Suena tan sencilla esta meta común: “Estar en Paz”; Sin embargo, nos encontramos constantemente ante conflictos que nos alejan de ella. Vivimos en un mundo de continua lucha ¿por qué? En la mayoría de los casos, pensamos que se debe a que generalmente esperamos que esa paz, esa armonía tan deseada, venga a nosotros; dicho en otras palabras, esperamos que las cosas externas estén en paz con nosotros, en vez de nosotros adaptarnos y armonizarnos con el mundo exterior. Así, surgen los conflictos, pues diferentes personas tienen conceptos distintos de lo que es la armonía, el bienestar interior y, para sentirse bien, tratan de lograr las cosas materiales que ambicionan, algunos subyugando a quienes no están de acuerdo con sus conceptos o con su autoridad. De allí que a través de la historia, hemos estado en constantes guerras, litigios, separaciones y las grandes mayorías se alejan de su deseada meta.

Sócrates, el famoso filósofo de Atenas, al orar decía: “Concédeme la belleza interior, y que todas las cosas externas que me rodean estén en paz con aquellas internas”. Si meditamos sobre su oración, veremos que para obtener la armonía debemos tener paz interior, lograr primero la paz con nosotros mismos. Sólo así podremos irradiar la esencia del amor cósmico que llevamos dentro; sólo así comprenderemos cómo los elementos del mundo externo luchan incesantemente para obtener un balance armonioso.

¿Cómo se puede obtener ese entonamiento del ser con la armonía cósmica? Algunos piensan que se obtiene adquiriendo riquezas materiales, poder y limitando el derecho de quienes dependen de ellos; pero, estas cosas sólo hacen surgir la desarmonía en el ambiente en que se desarrollan: en su hogar, en la sociedad y en el mundo. No hay nada malo en la acumulación de cosas materiales si para obtenerlas no sacrificamos a otros y si compartimos los dones que se nos conceden. Nunca obtendremos la armonía completa en un ambiente en que estemos rodeados de dolor y miseria, pues nuestro interior jamás podrá vibrar armónicamente con ese doloroso panorama exterior.

Entonémonos con la Armonía Cósmica liberándonos de aquellas imperfecciones que nos alejan de nuestra meta. Sólo así podremos gozar del infinito poder que reside en nuestro ser, ese segmento del Amor Universal.

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